jueves, marzo 20, 2008

Verano

El niño despierta. Se pone de pie y se despereza. Se limpia el sudor de la frente con el brazo y empieza a correr rumbo al lago.
Cuando aún le falta un metro para llegar al agua, salta y se zambulle. Una vez que reaparece no puede evitar un grito.
Da unas cuantas brazadas y se sale del agua. Se sacude como un perro y se va caminando lentamente de vuelta al árbol.
Se sube al árbol y coge un durazno maduro. Mientras lo come el jugo corre por sus brazos.
Se tiende en el pasto y vuelve a dormir.

1 comentario:

Bardo Perdida dijo...

me hizo evocar mis propios veranos de la infancia.